Poco más de 30 integrantes de la cuadrilla Pixcuhuil en
llamativos atavíos bailaron al ritmo de nueve sones interpretados por el trío
Sentir Huasteco
El rencuentro entre los vivos y los difuntos es simbolizado
por el Xantolo o Fiesta de las Ánimas, cuyo influjo desbordó de música, baile y
algarabía el Museo de la Ciudad de México la noche del miércoles para recibir a
nuestros antepasados y rendirles un alegre homenaje en vísperas de la
celebración del Día de Muertos.
Durante cerca de una hora, ese céntrico y hermoso recinto
del siglo XVIII, conocido también como el antiguo Palacio de los Condes de
Santiago de Calimaya, se transformó de manera imaginaria en algún poblado o
ranchería de la región Huasteca, de donde es originaria aquella expresión
cultural en tributo a los fallecidos, con las vistosas danzas de Pixcuhuil,
cuadrilla oficial de la Ciudad de México, y la animosa música del trío Sentir
Huasteco, proveniente de Huejutla de Reyes, Hidalgo.
Ante el regocijo del público que llenó el patio principal
del museo y sus balcones, los poco más de 30 bailarines de esa agrupación,
conformada hace seis años, ataviados con coloridas vestimentas (entre ellas, de
catrinas, charros y novias) y llamativas máscaras de la muerte, demonios,
animales o seres fantásticos, además de sombreros o tocados de flores, hicieron
del lugar un jolgorio con sus bien coordinadas coreografías y sus poderosos y
armónicos zapateados, azuzados por una festiva serie de nueve sones xantoleros.
Teniendo de escenario una amplia tarima colocada en el
centro del patio, la cuadrilla Pixcuhuil cerró su actuación con un fandango al
que se sumaron de manera espontánea varios de los allí reunidos, convirtiendo
el momento en una romería en la que, entre alaridos, sonrisas y goce, sonaron y
bailaron algunos sones populares, como El querreque y La
petenera.
Con el nombre de Xantolo: Fiesta de Todos los Santos, esta
presentación tuvo lugar como parte de la Noche de Museos organizada por la
Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.
Al concluir, la directora de la cuadrilla Pixcuhuil,
Gabriela Miranda, explicó a este diario que ese encuentro fue una
inmersión en la tradición huasteca y náhuatl, en la que las comparsas de
Xantolo recorren las calles para recibir a los difuntos con música, baile de
sones y huapangos, simbolizando la sagrada unión entre vivos y muertos.
Refirió que el Xantolo es considerada la fiesta más
importante de la Huasteca, región del país conformada por municipios de San
Luis Potosí, Veracruz, Hidalgo, Tamaulipas, Puebla y Querétaro, donde se valen
de esa expresión para celebrar un rencuentro con los muertos.
Inscrita en 2007 en la lista representativa del patrimonio
cultural inmaterial de la humanidad de la Organización de Naciones Unidas para
la Educación, la Ciencia y la Cultura, en esa festividad se mezclan creencias
de origen prehispánico y tradiciones introducidas por los colonizadores
españoles. Su nombre se deriva del náhuatl y el latín, para significar todos
los santos, según la bailarina y coreógrafa.
Pero lo que realmente representa es la fiesta de los
espíritus, la fiesta grande de la Huasteca, es cuando vienen los muertos a
visitarnos y nosotros les prestamos nuestro cuerpo para darles vida ese día. Se
trata de una celebración muy peculiar en esa región del país, porque comienza
desde el 24 de junio, con la siembra del cempasúchil; de ahí en adelante se van
ofrendando ciertas festividades particulares, detalló.
Una es el 29 de septiembre, cuando se hace la bajada de las
máscaras y se sahúman, además de que también nos preparamos física y
mentalmente para poder recibir toda esta energía. Luego, vienen otras fechas,
como la de San Lucas, el 18 de octubre, en la que se van poniendo pequeñas
ofrendas para los seres que no tuvieron oportunidad de despedirse, porque
murieron por asesinato o en una tragedia, y así cada uno tiene una
particularidad, hasta el 30 de noviembre, cuando termina el Xantolo.
De acuerdo con Gabriela Miranda, el 29 de septiembre, día de
San Miguel Arcángel, las ánimas empiezan a peregrinar, pero la parte central de
la fiesta es a partir del 31 de octubre, que se dedica a los niños fallecidos,
mientras el primero y el 2 de noviembre están destinados a los difuntos
adultos, fechas en las que se hacen las ofrendas más grandes.
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